Lidiar con la propia existencia.-


Dr. Octavio Féliz Vidal Terapeuta Familiar.-                                 
La meta
diaria debe ser lidiar con la propia existencia. Para muchos vivir es una
suerte de selva donde el más fuerte atropella al más débil. Maltratan
perversamente las emociones de los demás con el único objetivo de sobrevir.-
.
La incertidumbre de los países ricos con inestabilidad en sus bolsas de
valores, influidas por hechos y declaraciones de empresarios y políticos, los
ataques terroristas sean domésticos o externos; así como la latente
preocupación de una conflagración con desastre radioactivo global: son
situaciones que preocupan y trastorna a los ciudadanos del primer mundo.

En los países menos afortunados, con problemas internos como la pobreza, el
hambre, poco acceso a los servicios de salud, los robos, secuestros y en
algunos guerras y enfrentamientos políticos con violencia y crisis sociales. En
ocasiones se debe lidiar con genocidios como el de Ruanda.

El panorama social global con el impacto del cambio climático, agrede a pobres
y ricos con desastres naturales que afectan la producción de alimentos, la
seguridad de una vivienda digna y las muertes agregadas a los eventos
naturales.

En ese contexto el ser humano debe lidiar con su existencia. Enfrentarse con su
pequeño mundo: su familia, su economía, su trabajo y su condición de salud sea
física o mental. 

Lidiar con la existencia es luchar contra las adversidades y tener las ganas de
vivir como una meta. Es encumbrarse en las alas de la buena actitud para
sobrellevar la vida cuando todo se derrumba a nuestro alrededor. Es continuar
cuando nuestra fe empieza a fallar o al creer, como diría James Dobson, que lo
que Dios ha hecho no tiene sentido. No hemos visto el tablero completo. No
entendimos la movida del creador y nuestra fe se debilita, sin entender que
desde fuera alguien contempla que al final será para nuestro bien y que las
cosas habrán de cambiar.

Luchar con la existencia con cáncer terminal, aferrarse a la vida y vivir.
Inspirar a otros que estamos aparentemente sanos son lecciones que me han dado
amigas y amigos que han luchado contra el cáncer.

La enseñanza es que no debemos perder la esperanza, que hay un propósito en la
vida que va más allá de nuestra individualidad y que requiere de la esperanza
para subsistir como especie humana. Una especie que cuando cree que ha perdido
la batalla y la impotencia la arropa, acude al suicidio como forma de enfrentar
aquello que no puede resolver. Si bien es cierto que la depresión y los
neurotransmisores nos traicionan, hay una mayoría de la población que no
sucumbe y se agarra de la esperanza y de la fe y decide seguir hacia adelante.
Levantarse de los escombros, recuperarse de las matanzas sin sentido y querer
vivir hasta el último instante aunque el cáncer nos robe la vida.

La especie humana necesita la esperanza y la fe para vivir. Algunos intelectuales
tratan de quitarle eso a la gente. Su ideología es incompleta, es en blanco y
negro, aún no conocen todas las dimensiones de la realidad. Se necesita además
de lo fáctico y realidad demostrable, esa realidad espiritual que nos impulsa
día a día a levantarnos de la cama con esa energía para ayudar a otros y dejar
una huella por este hermoso planeta que Dios nos ha regalado.

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