Educación vial versus policia acostado.-

Por Gerson Terrero.
Tenemos que reconocer que los llamados «policías acostaos» son un
problema. Pero un problema que encuentra su justificación en el hecho de que
nos previene de otro problema aún mayor: de los conductores que toman un
vehículo y lo manejan con una imprudencia tan grande, que ponen en peligro
tanto su integridad física como las de los demás, en especial las de los niños.
En verdad prefiero un “policía acostado” antes que ver a un ser
humano lesionado por el manejo inadecuado de un vehículo, pero en el fondo
los detesto a los dos.
Es triste que tengamos que acudir a
resolver un mal creando otro mal. Para nadie es un secreto que cada día son más
los conductores que de forma imprudente ponen constantemente en riesgo las
vidas de los demás. Como no hay control por parte de las autoridades, pero
también una escasa educación vial en la sociedad, la gente ha acudido a los
badenes, policías acostados y otras modalidades, para obstruir la velocidad de
los conductores y evitar el peligro. Esto ha prevenido muchas tragedias, es la
verdad, pero nos ha creado un problema. Es triste saber que a dos zonas tan
atractivas turísticamente como el Lago Enriquillo y la Costa
Barahona-Pedernales, muchas gentes no quieran visitarlas, sencillamente porque
están cundida de «policías acostaos», que le consumen al visitante
mucho tiempo y alto combustible, y que a veces hasta le ocasionan daños a sus
vehículos. Esos visitantes que venían a esta zona disfrutaban de nuestras
maravillas, pero también nos dejaban muchas ganancias. Las hemos perdido.
Pero creo que hay una solución, aunque ésta se tome un largo plazo en
materializarse. Esa solución es la educación. Que no existan los “policías
acostaos”, pero que tampoco existan las personas lesionadas por la imprudencia
de los choferes. ¿Y cómo se lograría? Pues con la educación vial ciudadana y el
respeto pleno a las normas de tránsito. Educación vial ciudadana para que el
ciudadano sepa que por las calles circulan los vehículos y que hay protegerse,
así como proteger a los niños y niñas. Educación vial ciudadana para que los
choferes y motoristas entiendan que no están manejando en una selva, sino que
están conduciendo en medio de la gente un aparato que eventualmente se puede
convertir en una máquina de muerte si no se toman las precauciones adecuadas y
si no se respetan las normas viales.
Así desaparecerán para siempre los molestosos «policías acostaos»
y se reducirán al mínimo las agresiones viales causadas por la imprudencia de
los conductores.

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