EL LARGO CAMINO DEL AJEDREZ

Por
Ing. Rafael Damiron.-

A propósito de los
comentarios que ha generado mi propuesta de ayer les transcribo a continuación
este artículo que publiqué en Ultima Hora hace 22 años, y que luego incluí en
el libro «Hablemos de Ajedrez». Considero que puede aclarar un poco a
que me refiero cuando hablo de entrenamiento y de «tomar en serio» el
ajedrez.

La
práctica del ajedrez contiene un horizonte tan amplio de posibilidades que
permiten encontrar espacio tanto para la distracción ocasional, como para una
dedicación continua que alcance rasgos de pasión o profesión.
El
primer contacto con el juego ocurre generalmente de manera casual como producto
de la natural curiosidad que produce en las personas ese conjunto de figuras,
cuyos peculiares movimientos mantienen a todos silentes y expectantes. Un largo
camino separa al principiante que apenas se inicia en los afanes del tablero,
del ajedrecista consumado cuyos conocimientos, habilidades y destrezas le han
valido la máxima condición de Gran Maestro. A lo largo de la ruta nos
encontramos todos pretendiendo avanzar, sin percibir a veces la magnitud del esfuerzo
y del trabajo que es preciso realizar para cubrir cada palmo del escabroso
camino que conduce hacia la perfección en ajedrez.
LA
DULCE INICIACION:
Los nombres, el movimiento de las figuras, y las primeras reglas del juego se
aprenden con gran facilidad, y en muy poco tiempo queda uno envuelto en el
constante discurrir de las piezas, aniquilando implacablemente piezas enemigas
grandes y pequeñas. En esta etapa no importa lo más mínimo entregar la reina a
cambio de un caballo, o sacrificar una torre por un simple peón, la cuestión
principal es ¡tomar piezas, sean las que sean!. Durante esta etapa simplemente
se olvida que el objetivo principal del juego consiste en capturar al rey
contrario. Debe transcurrir algún tiempo para que el novel ajedrecista llegue a
comprender paulatinamente el valor relativo de las piezas, y en su juego
comience a asomar cierta lógica. Se entera, por ejemplo, que la reina vale más
que una torre y un caballo juntos, que equivale a dos torres, o que un caballo
se equipara a tres peones, y así sucesivamente.
En
la siguiente fase del aprendizaje se asimila la interacción y distribución
armónica de las piezas, haciendo que cada unidad de combate complemente a otra
defendiéndola. Ya en este período las piezas no embisten aisladamente, ni los
ataques son incursiones casuales, sino que son preparados escrupulosamente,
participan en ellos grupos enteros, y a veces todo el ejército de trebejos. Aún
así, el juego del ajedrecista está muy lejos de la perfección y existen muchos
obstáculos por salvar hasta dominar las sutilezas del arte del ajedrez.
TOMANDO
LAS COSAS EN SERIO:
Luego del primer contacto con el ajedrez, es necesario que el jugador adquiera
un gran caudal de conocimientos mediante el estudio de la teoría y el análisis
de la práctica. Cada libro o artículo leído, cada partida jugada, y cada
análisis realizado le aproximan al dominio de los elementos de la técnica del
juego. Gradualmente el ajedrecista llega a conocer las combinaciones
elementales y golpes tácticos típicos, estudia las variantes teóricas de
apertura, o sea, los mejores métodos para el despliegue inicial de las piezas,
y aprende la teoría de los finales, es decir, las formas de ganar cuando quedan
pocas piezas en el tablero. Cuando un jugador se propone metas concretas de
superación y decide tomar las cosas en serio, debe trabajar arduamente para
perfeccionar su técnica de calcular variantes, que es una de las componentes
principales de la maestría en ajedrez. Con los años y la experiencia logrará
alcanzar otra importante cualidad: el saber comprender las posiciones, sopesar
todas las posibilidades en cualquier trance, apreciar la situación y hallar la
solución acertada. Durante este proceso ocurren altibajos que implican
numerosas revisiones y autocríticas, teniendo muchas veces que retomarse el
camino, para asimilar fracasos y clarificar las dudas, hasta lograr de nuevo la
confianza. Al final de este tramo que generalmente toma varios años, surge un
nuevo campeón nacional, de cuya perseverancia y dedicación puede resultar
también un nuevo Maestro Internacional.
LAS
CUMBRES DEL AJEDREZ:
También entre los maestros del ajedrez “son muchos los llamados y pocos los
escogidos” para lograr el máximo laurel de Gran Maestro. Esta categoría está
restringida a los ajedrecistas dotados de una capacidad mental excepcional y
una extraordinaria fortaleza de carácter. Pero además el aspirante a Gran
Maestro debe tener una dedicación casi total hacia el desarrollo de sus
facultades y la investigación de la teoría del juego. La fuerza ajedrecística
de un Gran Maestro es una mezcla bien proporcionada de factores innatos y
adquiridos tales como: memoria, capacidad analítica, cálculo rápido,
auto-control, erudición, vivencias, técnica del juego, etcétera. Un Gran
Maestro es una especie de computadora viviente, capaz de realizar las cosas más
inverosímiles, como el caso de Garry Kasparov, quien se ha declarado capaz de
leer un libro en una tarde, absorbiéndolo a una velocidad de cien páginas por
hora, y recordando exacta y completamente el contenido durante dos o tres horas
por lo menos (Kasparov: “Hijo del Cambio”, Pag. 100). Un Gran Maestro necesita
retener miles de partidas en su cabeza, porque las partidas son para él, lo que
las palabras de nuestra lengua son para la gente normal, o las notas y las
partituras para los músicos.
Los razonamientos anteriores nos permiten comprender por qué es
tan limitada la matrícula de los Grandes Maestros, y además por qué es tan raro
que caigan derrotados frente a jugadores que no sean de su misma condición. Lo
más importante para nosotros los ajedrecistas normales, es entender el enorme
caudal de trabajo y sacrificios que se requiere para llegar a vislumbrar
siquiera las altas cumbres del quehacer ajedrecístico. Un largo y tortuoso
camino, donde lo principal para cada uno es decidir a tiempo hasta dónde
queremos llegar, para poder así disfrutar al máximo la travesía.

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