En el Día del Abogado.

 Por Still Perez Guzman.-

En el
relativamente poco tiempo que llevo en el ejercicio profesional de la abogacía,
he escrito con mi experiencia algunas páginas de un libro, que no es producto
de la tinta de la imprenta.

Ese
libro está en ciernes, en mi cabeza, cuyas tintas provienen, no de la
especulación ni la teoría pedante; más bien, tienen su fuente en el
insustituible aterrizaje práctico, en la experiencia viva, mía propia, de mis
compañeros de faena y de mi maestro director.

El
contacto con el cliente, que cree tener méritos para un caso, que tiene
pretensiones que el abogado debe conciliar con lo que técnicamente procede, que
está afectado de fuertes emociones por los conflictos que padece, que tiene una
capacidad económica determinada para asumir el costo del caso, y que, también,
tiene una idea preconcebida de los resultados que logrará el abogado.

El
abogado debe lidiar con lo que el imaginario piensa de él porque se lo merece,
o con lo que se piensa de él por culpa del accionar del otro.

El que
ejerce la abogacía, debe entender que los objetivos profesionales a favor de
algún cliente, no siempre se logra en los tribunales, que hay variantes, como
la abogacía de despacho, que procuran salidas gananciosas, como alternativas de
solución de conflictos.

En la
mayoría de los casos de abogacía de despacho, el abogado debe hacerle entender
al cliente, que este es parte de su trabajo profesional, que por lo tanto, no
implica merma de sus honorarios, no haber accedido al Poder Judicial.

Lo que
es más difícil, el abogado debe construir una imagen propia, que lo separe de
la que el colectivo tiene de forma prejuiciada de la generalidad; para ello
debe hacer un esfuerzo ético y hacer entender que su misión es necesaria para
la defensa de los intereses de su representado y para la necesaria construcción
procesal de la verdad.

Sin la
participación del abogado en los procesos, no habría tesis y antítesis,
prevalecería un único discurso, y no habría garantía de justicia, porque faltaría
la verdad, que aflora cuando hay contradicción de proposiciones que surgen de
intereses opuestos.

En el
Día del
Abogado, pido a la sociedad dominicana que entienda, valore y tolere el
papel de los profesionales del Derecho, colocándolo como elemento imprescindible
para la impartición de Justicia.

 

 

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