Por Rafael Damiron.-
La primera noticia sobre el accidente aéreo la escuché cuando
Freddy Veras Goico anunció durante su programa dominical El Gordo de La semana,
que un avión se había estrellado contra la Loma Isabel de Torres. Serían
pasadas las siete de la noche, y para mí los muchachos ya debían estar en La
Habana, pues su partida estaba supuesta a ser antes de la cinco de la tarde. No
sabíamos lo de la escala en Puerto Plata, y por eso le comenté a mi esposa que
no debía ser el avión en el cual viajaba nuestro grupo. Sin embargo, un dolor
de estómago se apoderó de mí, y de inmediato llamé a otros compañeros
directivos de la FDA, mi compadre Francis y a Don Ricardo Argomániz, quienes ya
habían escuchado la noticia.
Freddy Veras Goico anunció durante su programa dominical El Gordo de La semana,
que un avión se había estrellado contra la Loma Isabel de Torres. Serían
pasadas las siete de la noche, y para mí los muchachos ya debían estar en La
Habana, pues su partida estaba supuesta a ser antes de la cinco de la tarde. No
sabíamos lo de la escala en Puerto Plata, y por eso le comenté a mi esposa que
no debía ser el avión en el cual viajaba nuestro grupo. Sin embargo, un dolor
de estómago se apoderó de mí, y de inmediato llamé a otros compañeros
directivos de la FDA, mi compadre Francis y a Don Ricardo Argomániz, quienes ya
habían escuchado la noticia.
No transcurrió mucho tiempo para recibir la trágica confirmación:
era el avión cubano, y por la forma frontal del impacto, difícilmente habría
sobrevivientes. Para quienes dirigíamos la FDA en ese entonces fue un golpe
demoledor, pues significaba la pérdida de seis compañeros muy queridos con
quienes veníamos desarrollando un programa destinado a cambiar el destino del
ajedrez dominicano. El entrenador Adelquis Remón, quien ya tenía 5 meses
trabajando en Santo Domingo, partía con tres de sus mejores discípulos quienes
jugarían en Torneo del ISLA, en La Habana, mientras que Pachón Matos y
Marcelino De la Rosa completarían la norma requerida para el título de Arbitro
Internacional.
era el avión cubano, y por la forma frontal del impacto, difícilmente habría
sobrevivientes. Para quienes dirigíamos la FDA en ese entonces fue un golpe
demoledor, pues significaba la pérdida de seis compañeros muy queridos con
quienes veníamos desarrollando un programa destinado a cambiar el destino del
ajedrez dominicano. El entrenador Adelquis Remón, quien ya tenía 5 meses
trabajando en Santo Domingo, partía con tres de sus mejores discípulos quienes
jugarían en Torneo del ISLA, en La Habana, mientras que Pachón Matos y
Marcelino De la Rosa completarían la norma requerida para el título de Arbitro
Internacional.
Luego de una larga reunión en mi casa con Francis Argomániz y
Fabio Sánchez, haciendo múltiples llamadas en procura de más información, pasada
la media noche, decidimos viajar temprano al lugar del hecho a fin de
participar en las labores de rescate. Partimos de madrugada Fabio y yo, junto a
Emilio Valdez, en un vehículo del COD. Llegamos a Puerto Plata, y logramos
subir en el teleférico hasta la cima de la loma, donde gracias a la presencia
del viejo amigo y entonces capitán Johnny Sánchez, oficial a cargo de las
labores de rescate, pudimos llegar a una especie de campamento desde donde
descendían las brigadas de rescatistas para recuperar y organizar los restos de
la tragedia.
Allí se encontraba mucha gente desesperada y ansiosa abrigando una última
esperanza de sobrevivientes. Nos encontramos con Gustavo Hernández, con
Cristóbal Marte (primo de Manolito) y otros familiares y amigos de los ajedrecistas
del grupo. Lentamente los restos calcinados de los pasajeros iban llegando, y
cada quien hacia un esfuerzo por detectar algún rasgo familiar que permitiera
identificarlos.
Fabio Sánchez, haciendo múltiples llamadas en procura de más información, pasada
la media noche, decidimos viajar temprano al lugar del hecho a fin de
participar en las labores de rescate. Partimos de madrugada Fabio y yo, junto a
Emilio Valdez, en un vehículo del COD. Llegamos a Puerto Plata, y logramos
subir en el teleférico hasta la cima de la loma, donde gracias a la presencia
del viejo amigo y entonces capitán Johnny Sánchez, oficial a cargo de las
labores de rescate, pudimos llegar a una especie de campamento desde donde
descendían las brigadas de rescatistas para recuperar y organizar los restos de
la tragedia.
Allí se encontraba mucha gente desesperada y ansiosa abrigando una última
esperanza de sobrevivientes. Nos encontramos con Gustavo Hernández, con
Cristóbal Marte (primo de Manolito) y otros familiares y amigos de los ajedrecistas
del grupo. Lentamente los restos calcinados de los pasajeros iban llegando, y
cada quien hacia un esfuerzo por detectar algún rasgo familiar que permitiera
identificarlos.
La viuda de Marcelino lo identificó por la forma de sus pies y
piernas, la novia de Héctor reconoció la hebilla del cinturón adherida al
cuerpo de César González, mientras que en los restos de Manolito permanecía
adherida parte de su camisa y el respaldo de su reloj de pulsera, que resultó
familiar para Cristóbal. En esta macabra tarea, compartida con muchos otros
dolientes, estuvimos hasta caer la tarde. Bajamos a la ciudad y nos dirigimos a
la morgue del hospital de Puerto Plata, donde supimos que habían llevado otros
restos que no habíamos podido revisar. Allí pudimos abrir cada una de las
bolsas negras que contenían los cuerpos calcinados, y reconocimos al Maestro
Adelquis, cuyo cuerpo fornido y sus dientes incisivos separados resultaban
inconfundibles.
piernas, la novia de Héctor reconoció la hebilla del cinturón adherida al
cuerpo de César González, mientras que en los restos de Manolito permanecía
adherida parte de su camisa y el respaldo de su reloj de pulsera, que resultó
familiar para Cristóbal. En esta macabra tarea, compartida con muchos otros
dolientes, estuvimos hasta caer la tarde. Bajamos a la ciudad y nos dirigimos a
la morgue del hospital de Puerto Plata, donde supimos que habían llevado otros
restos que no habíamos podido revisar. Allí pudimos abrir cada una de las
bolsas negras que contenían los cuerpos calcinados, y reconocimos al Maestro
Adelquis, cuyo cuerpo fornido y sus dientes incisivos separados resultaban
inconfundibles.
Regresamos a Santo Domingo sin haber recuperado aún los cuerpos
de Héctor y Pachón, los cuales fueron encontrados al día siguiente. Durante
varios días transcurrieron los funerales de cada uno de nuestros compañeros, en
un ambiente sobrecogedor del cual la familia ajedrecística no entendía cómo
sería posible recuperarse. En medio de todo ese luto, la mano divina quiso
dejarnos un sobreviviente en el joven promesa José De la Cruz, quien debió
acompañar a los demás en el vuelo fatídico, pero que por razones burocráticas
no logró cambiar el pasaje que le fue donado, y viajó a La Habana tres horas
antes en un vuelo directo de Cubana de Aviación. Allí permaneció en el
aeropuerto esperando a sus compañeros que nunca llegaron.
de Héctor y Pachón, los cuales fueron encontrados al día siguiente. Durante
varios días transcurrieron los funerales de cada uno de nuestros compañeros, en
un ambiente sobrecogedor del cual la familia ajedrecística no entendía cómo
sería posible recuperarse. En medio de todo ese luto, la mano divina quiso
dejarnos un sobreviviente en el joven promesa José De la Cruz, quien debió
acompañar a los demás en el vuelo fatídico, pero que por razones burocráticas
no logró cambiar el pasaje que le fue donado, y viajó a La Habana tres horas
antes en un vuelo directo de Cubana de Aviación. Allí permaneció en el
aeropuerto esperando a sus compañeros que nunca llegaron.
En principio me resultó extraño que el avión siniestrado se
estrellara contra la Loma Isabel de Torres desde al oeste, cuando procedía
desde Santo Domingo. Tuve en mis manos el reporte oficial del accidente, donde
se indicaba la trayectoria del avión accidentado. La figura anexa muestra en
color rojo cómo maniobró el avión, ya de noche, para luego de observar las luces
de la pista, tratar de girar 180 grados, descender lentamente, alinearse con
ésta (línea amarilla), y luego aterrizar. Solo que esa noche había nubes bajas
que ocultaban las luces de advertencia en la cima de la loma. Aparentemente el
piloto nunca se percató de la existencia de la Loma Isabel de Torres, justo en
medio de su trayecto.
estrellara contra la Loma Isabel de Torres desde al oeste, cuando procedía
desde Santo Domingo. Tuve en mis manos el reporte oficial del accidente, donde
se indicaba la trayectoria del avión accidentado. La figura anexa muestra en
color rojo cómo maniobró el avión, ya de noche, para luego de observar las luces
de la pista, tratar de girar 180 grados, descender lentamente, alinearse con
ésta (línea amarilla), y luego aterrizar. Solo que esa noche había nubes bajas
que ocultaban las luces de advertencia en la cima de la loma. Aparentemente el
piloto nunca se percató de la existencia de la Loma Isabel de Torres, justo en
medio de su trayecto.
Seis meses más tarde, nos tocó viajar a La Habana junto a mi
compadre Francis Argomániz, en ocasión del próximo torneo del ISLA, a fin de
presentar personalmente nuestras condolencias por el fallecimiento de Adelquis
Remón ante sus familiares, y ante la Federación Cubana de Ajedrez. Esta misión
fue cumplida verbalmente durante la apertura del torneo, con la entrega de
sendas placas de recordación, y además con la entrega a los familiares de
Adelquis de un Televisor a color similar al que él les llevaba, producto de sus
ahorros mientras trabajó en Santo Domingo.
compadre Francis Argomániz, en ocasión del próximo torneo del ISLA, a fin de
presentar personalmente nuestras condolencias por el fallecimiento de Adelquis
Remón ante sus familiares, y ante la Federación Cubana de Ajedrez. Esta misión
fue cumplida verbalmente durante la apertura del torneo, con la entrega de
sendas placas de recordación, y además con la entrega a los familiares de
Adelquis de un Televisor a color similar al que él les llevaba, producto de sus
ahorros mientras trabajó en Santo Domingo.

