Un paradigma estúpido que nos está atrasando culturalmente como país: «Estudiar no da dinero».

Si realmente fuera así, ¿por qué cuando enfermamos buscamos al médico; cuando construimos, confiamos en el ingeniero; cuando necesitamos orientación o representación ante la justicia, acudimos al abogado; cuando no entendemos la conducta de nuestros hijos, buscamos al psicólogo; y cuando enfrentamos una enfermedad mental, recurrimos al psiquiatra?

La sociedad paga por el conocimiento porque el conocimiento resuelve problemas. Estudiar no garantiza riqueza, pero sí aumenta nuestras capacidades, nuestro valor profesional y las posibilidades de construir una vida digna mediante el trabajo.

Despreciar la educación para glorificar el dinero fácil no es una muestra de inteligencia: es un paradigma que puede terminar normalizando el conformismo, la improvisación y hasta la ilegalidad.