Por Pedro Dominguez Brito
La siguiente historia marcó mi juventud. Yo tenía 16 años.
Conseguí mi primer trabajo, por un mes, en Seguros San Rafael, abriendo y
enviando cartas, colocando sellos y llevando café a todos lados. Mi labor
siempre la hice con esmero, tratando de ser eficiente en mis sencillas y a la
vez imprescindibles funciones. Allí fui tratado con dignidad y hasta me
consideraban como un hijo.
Conseguí mi primer trabajo, por un mes, en Seguros San Rafael, abriendo y
enviando cartas, colocando sellos y llevando café a todos lados. Mi labor
siempre la hice con esmero, tratando de ser eficiente en mis sencillas y a la
vez imprescindibles funciones. Allí fui tratado con dignidad y hasta me
consideraban como un hijo.
Con lo que me pagarían al final, que era RD$125.00 (ciento veinticinco pesos) podía adquirir varias camisas de cuadros,
algunos libros, comer pizzas en El Edén, en Santiago, ir al cine a ver a Bruce
Lee y comprar un guante de béisbol.
algunos libros, comer pizzas en El Edén, en Santiago, ir al cine a ver a Bruce
Lee y comprar un guante de béisbol.
Entonces, cuando se acercaba la fecha
de recibir el cheque, algo me sucedió.Andaba inquieto, casi ofensivo,
extasiado porque pronto sería rico o al menos tendría una cantidad de dinero
impensable para mí. ¿Qué haré con todos esos “cuartos”? ¿Alcanzará para todo lo
que sueño?
de recibir el cheque, algo me sucedió.Andaba inquieto, casi ofensivo,
extasiado porque pronto sería rico o al menos tendría una cantidad de dinero
impensable para mí. ¿Qué haré con todos esos “cuartos”? ¿Alcanzará para todo lo
que sueño?
No notaba mi conducta impropia,
aunque mis compañeros de labor sí. Uno de ellos me lo hizo saber, aunque no
conocía los motivos. A mi consejero, el padre Dubert, le expliqué la situación.
Entendió de inmediato y me dijo: “El dinero Pedro, el complicado dinero cambia
a la gente, la vuelve loca, tenlo presente para que no te suceda de nuevo”.
aunque mis compañeros de labor sí. Uno de ellos me lo hizo saber, aunque no
conocía los motivos. A mi consejero, el padre Dubert, le expliqué la situación.
Entendió de inmediato y me dijo: “El dinero Pedro, el complicado dinero cambia
a la gente, la vuelve loca, tenlo presente para que no te suceda de nuevo”.
Luego de ello, volví a mis
orígenes y terminé mi trabajo con honor, más triste por los amigos que dejaba
que contento por los miserables chelitos que recibiría, que ni recuerdo en qué
los gasté.
orígenes y terminé mi trabajo con honor, más triste por los amigos que dejaba
que contento por los miserables chelitos que recibiría, que ni recuerdo en qué
los gasté.
El que obra inspirado por
el dinero, no tiene amor por lo que hace, vende su alma, comete errores, no
duerme en paz y su conciencia está marchita; en cambio, el que trabaja motivado
por serias convicciones, sigue adelante, su ánimo está sosegado, se guía por
los principios; y su espíritu sano y libre es su motor y el cumplimiento del
deber, su razón de ser.
el dinero, no tiene amor por lo que hace, vende su alma, comete errores, no
duerme en paz y su conciencia está marchita; en cambio, el que trabaja motivado
por serias convicciones, sigue adelante, su ánimo está sosegado, se guía por
los principios; y su espíritu sano y libre es su motor y el cumplimiento del
deber, su razón de ser.

