Hoy se cumplen 60 años de la muerte de mi padre. Recuerdos e imágenes de ese día aún permanecen claramente en mi memoria. Y a propósito de él, y de la fecha, les presento a continuación un fragmento que publicó en 1948, donde cuenta un hecho interesante ocurrido el día de los Santos Reyes del año 1895. Espero que lo disfruten.
1895: La ciudad vivía ansiosa por aquellos días a causa de la posible inauguración de uno de los jalones de progreso más sensacionales para sus habitantes: la planta eléctrica que habría de comenzar a funcionar el día 6 de enero, fiesta de los Santos Reyes.
Aquellos alambres; aquellos postes en cruz; las calderas de la planta; aquel hombre que subía y bajaba por postes, y aquel especie de semi-Dios que se llamaba Mr. Smith, ingeniero encargado de la instalación de esta obra, que ante mí y ante todos mis contemporáneos parecía algo sobrehumano que viniera a la tierra, ponía en la mente de la mayor parte de las personas, una interrogación incontestada.
-¿Cómo será ésto?
Algún elemento extranjero trataba de explicarnos el funcionamiento de aquellas complicadas maquinarias; pero lo inexplicable, lo misterioso era, la maravilla de que todas las lámparas se encenderían a un mismo tiempo.
-¿Pero de dónde vendría la luz?, nos preguntábamos.
-¿Cómo será ésto?
Algún elemento extranjero trataba de explicarnos el funcionamiento de aquellas complicadas maquinarias; pero lo inexplicable, lo misterioso era, la maravilla de que todas las lámparas se encenderían a un mismo tiempo.
-¿Pero de dónde vendría la luz?, nos preguntábamos.
– Viene por los alambres, nos contestaba alguien que presumía de profundos conocimientos en esa materia, y naturalmente, los niños llegaban a creer que a las siete de la noche del día de los Santos Reyes, iban a ver en formas acrobáticas, la luz corriendo por encima de los alambres y deteniéndose sobre los carbones que se encenderían como dos tizones de cuaba.
Nuestra confusión no tenía comparación. Que si esto, que si lo otro, y como una pesadilla nos dormíamos pensando en la maravilla de esta luz ignorada, abrumados por los peligros que nuestros padres nos advertían, presumiendo también de grandes conocedores de lo que para la generalidad constituía un perfecto enigma.
Llega, por fin, el anhelado día de los Santos Reyes, y son las siete de la noche.
Suena un disparo de cañón hecho en la Fortaleza, y como un milagro se ilumina toda la ciudad.
¿Quién no se asomó a la puerta de su casa para quedarse alelado ante el prodigio de tanta luz?
Desde entonces la vida toma otras formas y otras costumbres, no sin que se manifestaran las renuencias naturales de un cambio tan violento para la inteligencia de cierta clase difícil de convencer sobre el fácil desarrollo de estas evoluciones. Del candil al bombillo, el salto es positivamente demasiado brusco, y tanto es así, que a pesar de los años, a pesar del ejemplo de la cosa misma, hay personas a quienes sería muy difícil convencer, respecto del uso del limón, y de las prácticas del baño.
